4 cilindros debajo del espino
"A veces, estamos sumidos en una vida tan carente de motivación que ni siquiera deberíamos estar vivos, a pesar de la inverosímil fuerza que puede mover el puro instinto de supervivencia. Es el "abandono". Según la psiquiatría catorce desgracias concatenadas pueden conducir a una persona a la indigencia" .
Jkar Santisteban
Capitulo I
4 cilindros
Bajaba como siempre que tenía el 4 cilindros; despendolado, dando tumbos y derrapando en las polvorientas y resecas curvas de la pista que hay desde mi casa hasta la carretera general. Iba; a pesar de la gravedad de lo que me habían contado algo preocupado por la salud de mis tablas de surf que oscilaban mal amarradas en la trasera del Land convertido en pick up. Si hubiera sabido la relación que había entre la salud que iba a comprobar y mis tablas había una similitud: lo efímero del tiempo que pasaban conmigo. Lo mismo que me pasaba con la gente. Por eso cuando pensaba los años que llevaba con María y la envidia con la que nos miraban todas las demás es parejas que conocíamos, ( que eran la mayoría), algo no me cuadraba. Sabía que estaba subiendo demasiado en mi nivel de vida y de felicidad y facilidad, como para no tener cada vez más miedo ala segura caída.
Siempre supe que lo que le hice, o hizo María a su marido no se puede hacer. Ni tampoco lo que le hizo el marido, pero no es excusa un mal comportamiento para tener otro. Y así fue tres intentos de suicidio, un año de indigencia pidiendo limosna, hasta que conseguí ir levantando cabeza hasta poder sacarla del agua cuando la llegaba el ahogo. Estuve apunto de morir y siete veces en el siquiátrico, cuando ella me dejó con falsos testimonios de maltrato familiar. Fue la cocaína de la que estaba tan enganchada como yo o más, pero su carácter no-compulsivo y quizás la condición de madre; influyan de alguna manera en el comportamiento de ciertas personas. Quiero creer que nunca fue realmente consciente de lo que estaba haciendo. Pero el sufrimiento que causó no se puede perdonar por mucho que lo he intentado.
Mi intención aquel día después de acabar el trabajo en el que habíamos quedado mi excompañero de trabajo y prácticamente único amigo de verdad con quien contaba en aquel islote, era Borja.
Ese día la idea era la de ir a coger olas. Algo de surf ya se iba imponiendo después de 20 días de vientos y malas mares. Era una grata recompensa para haber descargado un camión de estiércol de vaca durante toda la mañana, previa carga del mismo.
Además; yo, muy en mi línea, entretenido con unas setas, olvidé cerrar el cercado y para cuando nos dimos cuenta más de veinte vacas se habían cogido las de Villadiego hacia el brezal, y yo sin caballo alguno, tuve que devolverlas todas de nuevo en la cerca, como si de un perro pastor se tratara. Bonita y típica mañana de las mías.
Ya eran las once más o menos cuando recibí la fatídica llamada de Toño Casals.
La llamada, que en sí misma no constituyó más que un punto de referencia para todo lo que vendría después aunque nada tenía que ver con “el Italiano”, protagonista de la noticia a título póstumo, y lo que la historia me iba a deparar. Fue simplemente una coincidencia en el tiempo. ¿O no?
A veces el caótico universo está tan bien constituido que se cae una estrella si arrancas una flor, como decía Jorge Cafrune o alguien de su quinta.
El día no podía ser mejor. En pleno Enero el alisio acariciaba la isla suavemente, inundándola de luz y flores blancas y rosas de almendros y ciruelos que perfumaban todo el valle del Paso al atardecer, junto a los millares de flores que las”marujas” de la islita criaban en sus jardines .En aquel pueblo el 90 o más por ciento de la población vivía en casas terreras que se convertían en auténticos chales de lujo en algunos casos.
La llegada a la carretera general fue como la salida de un trance. Turistas y más turistas hacían que me costase incorporarme al tráfico. Decididamente los políticos habían apostado por el hormigón y de seguir con el monocultivo del plátano y del cemento, a pesar de los avisos del gobierno central asegurando la retirada de los fondos europeos para subvención del plátano. Eran tozudos los nativos, y les costaba creerse cualquier cosa que no viniese de un nativo aunque fuera ésta una mentira como un templo, que no se sujeta de pie.
Había voces que con una clarividencia media, abogaban por un cultivo de etiqueta (”label”) hecho a base de huertas de medianías que estaban abandonadas, pues las frutas tropicales salían en la costa. Este era el lugar preferido por los alemanes para sus residencias y que se habían constituido en un veintiuno por ciento de la población de la isla y de la propiedad del suelo; que era lo grave. Diez años después la crisis mundial barrería las islas de fuerza de trabajo y de trabajo a realizar, a pesar de que seguían existiendo recursos que podían ser empleados de otra manera más racional.
Cada uno es cada uno y allá idiosincrasias. Si no fueran tan burros nosotros, los “Godos”, no gozaríamos de esta situación de privilegio; así que a callar y cada uno a su aire.
Efectivamente era él y tenía el cráneo partido en dos como una gran galleta y la cara aplastada. La maldita imagen todavía me persigue hoy en los momentos en que menos me lo espero.
ROBERTO.
Roberto había salido en una portada de Vogue, la revista de moda, referencia en tiempos, de elegancia y vanguardia. Era guapo y ahora, a los cuarenta y tantos tenía el glamour del navegante en el que se había convertido después de aquellos años de modelo publicitario. Se compró un velero y se dedicó a navegar durante años hasta que recaló en la, para él fatídica isla, que le vio suicidarse. Eran muchos; tanto nativos como residentes extranjeros, los que se suicidaban al año en una población de cincuenta mil habitantes. Varios al año. Quizás era demasiado bonita pero también por ello lugar de vagancia y vida fácil que iba y venía bañando el ron Pampero con perica de la buena. Pero si el descontrol era mínimo hacia que entrases en desgracia y era mejor poner tierra por medio.
Allí mandaban los caciques y últimamente se les había unido la policía pues enseguida vieron éstos, venidos de la Península, la cantidad de dinero que se movía en al isla. La ilegalidad con la que vivían los nativos mientras acatasen las normas de los caciques; hizo que en las matutinas reuniones para el “cafelito”, en las que no faltaban el alcalde y el aparejador, que pensarían enseguida en la gran Plaza que poseían para la distribución de las drogas, pasando inmediatamente a la acción poniendo de moda la cocaína como un producto de acceso libre y respetable estatus para ciertos estratos sociales.
Lo cierto es que todos los que habitábamos allí y éramos de fuera, teníamos una o varias historias a la espalda que nos habían llevado a un lugar lejano que resultó ser un auténtico jardín para algunos como para mismo, por ejemplo. Lo que pasa es que la mayoría de los que siguen residiendo, provienen de ricas familias alemanas, suizas, italianas e incluso rumanas.
Cada vez había más tráfico por la nueva carretera de La Cumbre. Le llamábamos “el túnel del tiempo”, porque a un lado hacia sol y cuando salías por el otro, estaba lloviendo. Esto es debido a que se encuentra en medio de lo que se llama en meteorología, efecto Föen. El alisio viaja a 1500m de altura y choca con las montañas que tienen hasta 3000m.Se crea una nube al condensarse el viento fresco y húmedo con la tierra caliente y hace que la inmensa nube que se forma, se asemeja a una ola gigantesca que resbala su espuma montaña abajo. A esto le llaman precipitación horizontal porque la lluvia cae prácticamente de forma horizontal sobre la vegetación porque la empuja el viento que en la cumbre es más fuerte que la gravedad.
De esta manera es como conseguimos tener uno de los últimos bosques de Laurel del Planeta.
LA MACARONESIA
En cuanto empecé a bajar por la carretera general las nubes fueron desapareciendo para dar paso al sempiterno sol isleño. En menos de quince minutos estaba en la sala que hacía de Morgue en el hospital nuevo. Hasta ese momento no capté la situación en su justipreciada medida ni en la que ello influiría en el futuro de mis pesadillas. ¿A qué le temía tanto Roberto para suicidarse al salir de la consulta del médico?¿qué le había dicho el médico? Conociéndole como yo le conocía, a lo mejor ni siquiera tenía nada que ver con la consulta. Era, no obstante, un hombre bastante previsible. Pero yo sólo conocía una pequeña parte de su personalidad por lo visto, ya que le consideraba un superviviente como yo. Este hecho me abrió los ojos respecto a su persona y a la laguna que había entre el primer velero y su llegada a la isla, lo cual, y, siempre según él, fue de casualidad. Pensé; por cerrar el caso en mi atormentado cerebro, que el médico le había puesto muy mal lo del Sida o la hepatitis C, o le había surgido un cáncer. Con estas bazas quise quedarme mientras caminaba por el largo pasillo que va y viene del tanatorio del hospital general.
Como estaba trabajando de funcionario jefe de un centro de visitantes del Parque Nacional, andaba bien de dinero y por 18.000€ me quedé con los siete metros de “Balandrajo”, que todavía era de la propiedad de Roberto. Su encantadora novia alemana Shandy, tenía un papel con las últimas voluntades del “Rober”. No sé porqué lo había hecho. Quizá porque era un desaliñado hippie de buena familia nada previsor que sólo me tenía a mí en toda la isla como persona de confianza o por el dinero que me debía y nunca le pedí .El caso es que una noche de esas de coca y whyskey me dijo que el único que conocía con espíritu para manejar un barco en medio de la mar, y tomar una decisión rápida y audaz era yo.
No creo que el suicidio fuese pensado. Ocurrió después de varios meses de aquella noche y yo, por supuesto, no recordaba ni la conversación. No me hubiera imaginado nada igual en mi vida.
El caso es que sin saber un ápice de navegación me vi con un precioso velero de un palo y demasiados cabos, velas, y otras muchas cosas de las que me tuve que empapar antes de conseguir mi título de patrón. No tenía ni puñetera idea de lo que era una jarcia o un obenque o un estay, por lo que no me quedaba otra alternativa que contratar un marinero.
No era una tarea que me hiciera mucha gracia en aquel sitio porque sabía que me iban a timar de una u otra manera pero… ¡qué remedio!.No tenía otra, además era una buena oportunidad de entrar más en la gente cerrada de la isla. Eran tribales. Supongo que ya casi no lo serán, pero si había un conflicto con un godo por medio, el godo era culpable y punto redondo.
A mí, la vida me sonreía. Por primera vez. Mi mujer era preciosa, estaba enamoradísima de mí, (la muy puta), por aquella época y quería un hijo que vino al de tres largos años.
Quince años después me abandonaría con una falsa denuncia por malos tratos, consecuencia directa del enganche de cocaína que tenía. Nada más morir su madre pensó que era millonaria y me abandonó después de mantenerla veinte años.
al de seis ya estaba tan degradad por su adicción que sñolo la compasión me habrían hecho vovlver con ella, a pesar d ela ciega, salvaje y casi animal pasión que habíamos vivido y de su juvenil y muy singular, belleza
Siempre le había pedido a Dios que me llevase a mí primero porque no tendría nunca agallas para ver morir a mi Diosa. Pero cuando la Diosa se derrumbó demostrando toda su vulgaridad y bajeza, las cosas empezaron a removerse en mi interior.
Durante años me sostuve en proceso de negación ante la tragedia que para mi suponía la forma en que me abandonó. Nunca fui el mismo. Dos veces la misma putada por la misma persona era mucho como para permitir la posibilidad de una tercera.
Cambié. cambié mucho,y no me siento orgulloso.
Ahora diez años más tarde me muero y no me quedan fuerzas apenas para caminar solo. Tengo que llevar un par de "machacas" conmigo a toda partes, por si me da un yuyu. Toda esta organización sólo había una forma de organizarla y esa era la violencia, el crimen porque sí, y la venganza multiplicada por diez. La gentuza con la que trabajaba, no valía ni el precio de sus calcetines.
No me arrepiento más que de una muerte en toda mi vida y han sido un montón. Sólo hay un chaval que me juró que me mataría cuando fuera mayor. Vio como mataba a su padre limpiamente, con silenciador y sin escándalo pero a sus siete años más o menos, era capaz de sentir cosas como la familia y la venganza.
Estoy seguro que el día menos pensado aparecerá por ahí un pelirrojo chato, y me freirá sin más. Eso espero. A todos nos aterra la tortura. Algo que por desgracia también utilicé y siempre odié con toda mi alma, pero hay imbéciles que saben lo que les espera y se empeñan en que los desguaces vivos en lugar de cantar a la primera y mueras o no, siempre te vas a ahorrar todo el sufrimiento.
No entiendo ni entenderé al ser humano, y si es hembra ni te cuento "kolega".
Quizás por eso me convertí en un ser solitario y proscrito. En un ser que no tuvo más remedio que desaparecer para aparecer de nuevo con otra cara e incluso otras huellas digitales.
Para entonces, la cirugía, incluida la dactilar, ya había cumplido con su misión.
Estábamos en 2018 y el advenimiento de los tiempos de los que hablaba la Biblia ya estaba en pleno apogeo. Por fin nadie dudaba de que los cinco libros del antiguo Testamento fueran un programa de ordenador encriptado.
Todo se nos había dado y nuestra estúpida cualidad de humanos no había servido más que para estropear el jardín que podía ser el mundo en el que teníamos el privilegio de vivir. La noble Gaia. La madre Tierra, ente vivo autorregulable por sí misma.
Etimológicamente, Gaia es una palabra compuesta por dos elementos. * Ge, que significa Tierra, se encuentra en muchos neologismos como Geografía o Geología.*Ge es una palabra sustrato pregriega que algunos relacionan con la sumeria KI que también significa "Tierra".
Algunas fuentes, como los antropólogos James Mellaart, M. Gimbutas y Bárbara Walker, afirman que Gea como la madre tierra es una evolución de la Gran Madre del preindoeuropeo. Una dios de la vida y la muerte generosa pero pavorosa que había sido venerada desde el Neolítico Oriente Próximo, Anatolia y la zona de la cultura Egea, pero también más allá de Malta y las tierras Etruscas. La llegada de los dioses del Olimpo con los inmigrantes al Egeo durante el II Milenio a.c. y la en ocasiones violenta lucha por suplantar a Gea, imbuye a la mitología griega de su característica tensión. Ecos de la fuerza de Gea persisten en la mitología de la Grecia clásica donde sus papeles están divididos entre Hera, consorte de Zeus ,Demeter, Artemisa, gemela y esposa de Apolo, y Atenea.
Recogí el libro de Lovelock y otros tres sobre nuestra sufrida madre Tierra, y me puse a reflexionar a solas en el velero, sobre cómo debía emplear el tiempo que me quedaba.
Me veía en la cima del mundo, con un puesto de trabajo en la administración del Estado, con una finca alquilada de 8.000m2, un velero y unas magníficas olas para hacer surf que era mi pasión. Además me había convertido en una especie de enlace entre la comunidad extranjera y los nativos pues nadie hablaba ningún idioma que no fuera un mal español; por lo que estaba continuamente de fiesta en fiesta en los chales de los residentes europeos.
Pero como todo lo bueno pronto se acaba, si pronto se puede decir por quince años, que es lo que duró mi estancia en aquellas islas.
El piso que nos “regalaron” en el norte de la península puso fin a etapa tan placentera para abrirme las puertas del infierno engañándome con la cocaína. Corría el verano del 2004. a nadie le ha traído nada bueno la cocaína. A mí me causó daños cerebrales irreparables por las consecuencias familiares que trajeron.
Aquello que yo sabía que nos iba a hundir, lo hizo. Y lo hizo a través del enloquecido cerebro de mi mujer. De unos infundados “cybercelos”, de un supuesto maltrato que en realidad fui yo quien sufrió durante años, sobre todo en mi autoestima; pues la medicación que me estaban dando me iba dejando impotente, hasta el punto de que tardé dos años en recuperar una capacidad aceptable.
Para cuando me quise dar cuenta, estaba en la calle. Me había olvidado de ir a los juicios, y la policía acabó deteniéndome. Allí comenzó un calvario que coleó durante cuatro años más. Nunca pensé que la maldad de alguien como ella fuera posible en ella.
Siempre la quise, No obstante. Eso se llama "obsesión", y era la canción de moda en el 2004.
CAPITULO II
1975 País Vasco- Mi primer porro de haschis
Me llamo Dailos por un casual de la vida. Mi padre había viajado mucho de joven, y había tenido un gran amigo que murió en circunstancias que nunca se esclarecieron del todo. En su honor me puso ese nombre. Dailos era isleño también. Quizás esa fue una parte de mi subconsciente que me empujó tanto a ligar mi destino al grupo de peñascos que componían el rico y escarpado archipiélago macaronésico: Canarias, Madeira, Cabo Verde y Azores, sin olvidar “las Salvajes”.
Aquella oscura tarde, al salir del colegio de Jesuitas en el que fui instruido hasta la Universidad, estábamos, como siempre en nuestros ratos libres, en una sala de juegos que en la época franquista constituyeron un auténtico refugio de delincuentes de baja estofa, maricones y pedófilos. Y, por supuesto uno de los primeros sitios donde comenzó a introducirse la droga entre nuestra población ibérica, por muy Euskadi que aquello fuera.
Llegó mi amigo Carlitos , ya que como todo chaval tenía mi cuadrillita y mi amigo íntimo.
-Vamos Dailos. Tengo algo que enseñarte.
Bajamos al parque que se encontraba a cinco minutos de la sala de juego, y Carlitos sacó de su bolsillo pechero de la camisa un largo cigarro liado a mano del cual lo que más me llamó la atención fue el filtro hecho con un trozo de naipe.
Lo cogió con maneras de entendido y dijo
-Es haschis. Del bueno. Me lo ha dado uno de Gaztelueta, (que era el colegio más pijo de Bizkaia en aquella época).
- Le dio unas caladas y me lo pasó a mí.- yo estaba aterrorizado. Hacía las cosas que hacía, la mayoría de las veces, por pertenecer a un grupo; pero nunca por gusto.
Recuerdo que apenas fueron tres caladas e inmediatamente mi cabeza empezó a burbujear como si estuviese llena de burbujas de nitrógeno. A continuación llegó el terror. ¿Se me notará mucho? Yo me sentía tan colocado que iba flotando por la acera con una vieja tabla de surf de Juan Pablo que me la había dejado para arreglarla pues en un año me había convertido en un experto en una materia de la que muy pocos sabían algo.
Lo peor fue la cena. Había filetes empanados que se hacían una bola en mi garganta y que yo debía tragas con profusión de agua y vino sin atreverme a levantar los ojos del plato. Tuve suerte. Aquella noche le tocaba a mi hermano que ya tenía quince años, y se olvidaron de mí por completo. Acabé lo más rápido que pude y me retiré con la excusa de arreglar aquella tabla.
CAPITULOIII
BILBAO 1982
Esta fue mi primera experiencia con las drogas uso y abuso. Es un auténtico topicazo pero en mi caso fue así. Estaba entonces en COU. Después vino el fracaso de la beca a USA. Por algún motivo de oscuros motivos tenían que recortarla y no me explicaron nada más. Mis padres ¡claro!. El problema era que yo no había hecho planes de carrera. Esperaba ir un año a EEUU y después ya veríamos. El caso es que me vi sin saber qué hacer y teniendo que decidirme por alguna carrera, así que elegí la más freaky del año: periodismo. Acababan de abrir una Facultad en Bilbao que dependía de Bellaterra en Barcelona. De hecho, los profesores se desplazaban desde allí en época de exámenes.
En tercero ya estaba vendiendo hachis en la Facultad y viviendo de de ello. Pagaba a un machaca del barrio que era un lima, para que se preocupara de mis estudios. No era yo el único para el que curraba. En realidad era toda una organización de la que se beneficiaban otros muchos. Yo sabía lo importante de un título en este país. Le conseguí un carné falso gracias a unas amistades nuevas que había hecho en Rekalde desde el 78 al 83. Desde el 75 hasta el 78/79 fue como una diplomatura en delicción a base de introducirme en los círculos ambiguos que en los principios de la democracia empezaban a formarse y que no sabían muy bien lo que querían más que ponerse a gusto. Con Bob Dylan como gurú. O Lou reed ya directamente jonkie, y compositor de uno de los mitos del rock: “HEROINE”
Encontré el amor de mi vida, lo perdí durante cinco años, lo recuperé y lo eché por la borda al de veinte años, cambiando por completo el rumbo de mi vida. Siempre supe que me ocurriría, pero la pasión era demasiado fuerte. Se había enrollado con un jonkie y eso fue lo que me hizo convencerme de que debía superar mis limitaciones y no se me ocurrió otra cosa que empezar por algo cotidiano que estaba harto de ver hacer a diario a los demás. Esa fue la manera en la que me enrollé con la hija del teniente coronel. Con la “hermandad” del caballo. Y eso fue, por supuesto, lo que acabó por separarnos.
El como pasé al eslabón del caballo es un proceso de cinco años que debe de ser analizado desde el punto de vista de la frustración y la superación de miedos............los primeros chutes de heroína me los tenían que poner tumbado y mirando para otro lado ;tal era el miedo que le tenía a las agujas. Pero lo que me llevó a ello fue el desamor y la mentira de la que luego sería mi mujer durante veinte años. Lo malo es que para que ocurriese aquello tuve que esperar a que se casara con un yonkie irlandés, que se descasara y que fuera a buscarme a las islas. O al revés. Ya ni sé.
Y eso duró más de cinco dolorosos años en los que me dejé enrollar, debido a la tenacidad de Lucía que no se desanimaba en sus múltiples intentos, acostándose conmigo con la excusa de que era muy tarde para ir a casa de sus padres; y con previo aviso de no enamoramiento por mi parte, con la hija de un coronel médico. Información por cierto que se me vino a dar de boca de un guardia civil una mañana en el aeropuerto de San Miguel, cinco o seis años después de su muerte. Víctima del Sida y la cirrosis por VHC. Enfermedades que me han mantenido vivo durante veintinueve años. Es por eso, que ahora que veo cerca el fin quiero que quede constancia de todo lo sucedido. No soy ni un ángel ni un demonio. Sólo soy temperamental, apasionado en demasía en el amor y descuidado en los negocios.
Durante aquellos años Lucía y yo nos dedicamos al menudeo de droga. Nos pinchábamos el uno al otro pues éramos torpes todavía y eso creaba como una hermandad entre nosotros. Enseguida se uniría Efrén a quién yo había conocido de casualidad en el punto de reunión matutino habitual de la juventud de la época: “El parque de doña Casilda”. Mi nuevo amigo ocho años mayor yo, que me hipnotizó por su ascendencia de tan rica familia y por lo trasgresor de sus vicios. Aunque no es más que un cobarde con fachada que actúa también por algún tipo de complejo infantil. Nos diferenciamos en todo. Sobre todo en la posición social. Sin embargo, llegó a ser durante unos años mi mejor y único amigo. Y, no voy a mentir; recuerdo con cariño aquellos años en los que Efrén me ayudó a conseguir coche, piso, y “tablas” en el escenario de la vida. Era todo en aquella época como una continua “performance” conceptual. Hablo de él en presente pues todavía no me ha llegado noticia de su muerte, pero es astuto como un zorro, y sabe burlar a la muerte.
También me llevó a lo que luego sería una rutina: la ciudad de Ámsterdam. La capital de Europa para los jóvenes. Y para los camellotes.
En este momento de mi vida, antes de que las drogas también inundasen la isla en el 92, fue cuando superé algo que ya tenía casi aceptado como la potente fatalidad que me acompañaba por la vida. El hecho de superarlo, me trajo buena suerte.
La única que he tenido en toda mi vida. Fue el único cambio del que me siento orgulloso. Dejé yo solo la heroína. Al que no conozca el problema le parecerá una nimiedad pero cualquiera que tenga mínimo conocimiento del tema le comunico que es como dejar de ser alcohólico de la noche a la mañana sin más ayuda que el propio orgullo de uno mismo. La necesidad de recuperar la dignidad perdida. Dejar de sufrir horriblemente a diario. Salir del infierno sin ayuda.
Era una época en la que estaba totalmente crecido. Llevaba siempre navaja y algunas veces pistola. Vendía cada vez más y el “speed” daba buenos beneficios así que empezamos a trabajarlo. Me fui haciendo cada vez más “kie” como dicen en la prisión. El más mal. ¡vamos!. Le pinché a uno en Deusto sólo por faltarle al respeto a mi amigo Willy que era un gordito supertajo. A Chefe le destrocé la CBR con una maceta de currela, y estuvo buscándome para matarme pues era un camello de Ocharcoaga. También querían pincharme los de Bysbi por un puto gramo. La cosa iba a un ritmo frenético pues te levantabas con 0 pesetas y te tenias que meter por lo menos 4.000 al día más la pensión y bocata.
Y allí estaba yo. Con todo lo que habría deseado siempre pero sin poder aprovecharlo, para acabar perdiéndolo consuma facilidad. Tanto es así, que hoy mismo no sabría decir cómo ni cuando sobrevino la crisis en la que me convertí en un sin techo Hasta ladillas cogí en una de ellas, o me las pegó la niña que no por pija y buena familia era menos guarrrilla y por supuesto, completamente infiel y promiscua.
Par el 84, estaba judicialmente inhabilitada y en algún centro y yo acababa de escaparme de Zamudio. Auténtico “manicomio” en le que entré con mi mejor voluntad pero que llego a ser un infierno por ser nosotros tres, los pacientes, que probaban el programa nuevo y quienes todavía siguen en activo. Evidentemente el programa no es que no funcionase sino que era una forma programada de cómo torturar a un indefenso yonkie.
Al quinto día me escapé pues nos devolvieron la ropa. Nos la quitaban cinco días en los que estábamos en pijama. Terminé la terapia en casa con mi madre y abuelos, y convencí a mi madre, que ya estaba gestionando una plaza en “El Patriarca”, de que me pagara un viaje a las islas en base a una información-invitación que me había hecho un “amiguete”.
Este hecho dio uno de los tres vuelcos que tuvo mi vida hasta convertirme en el ave de carroña, que hoy día es lo que queda de mí. El tiempo se está acabando y ya es cuestión de semanas.
Ahora lo veo todo diáfano pero no por eso dejo de tener mucho miedo. Por una parte siento cierta serenidad pues soy consciente de que como mejor estoy es muerto pero luego cuando lo pienso mejor me doy cuenta de que lo único que podemos decir que es nuestro es la vida. Si pierdes eso has perdido la partida. Pero por otra parte esa serenidad se ve amenazada por algo tan humanamente animal como lo es el miedo.
Me aterra que haya otra vida porque entonces yo sería castigado. ¡Vamos digo yo! Eso del jardín de las huríes no convence pues sigue siendo injusto, o sea que si hay premio, hay castigo. Vaya agobio. Toda la vida jodido, para acabar en el infierno hasta el fin del tiempo entre horribles torturas. Vaya planazo éste de la muerte.
Siempre he dicho que cada uno tenemos lo que nos merecemos, y en realidad es así, por cruel que resulte- la mayoría de las veces pensamos que es injusto lo que nos ocurre y realmente lo es en el sentido en el que carecemos de malicia o alevosía como para cometer estupideces que cometemos. Otras veces, la mayoría en muchos como yo, sabemos que tal o cual tipo de actuación nos va a llevar a la hecatombe pero no podemos dejar de cabalgar como caballos desbocados subidos a lomos de la propia vida. Nuestra performance (representación) es puramente conceptual y real. No hay escenario. El escenario lo constituyen las calles, los trenes y autobuses, y la rutina de dormir mal y comer bocadillos jugándote sin ser muy consciente, la libertad que es el mayor de los dones que el hombre en el amplio sentido de la palabra, tiene que perder.
Sí ¡í ¡ claro! Está también el amor que viene a ser sinónimo de felicidad. Sin amor no existe felicidad. Amor en cualquiera de sus formas pero amor puro y verdadero. Del bueno.
Yo he vivido veintinueve años acompañado. Dilos j Saint Luperi. Dependiente siempre del amor de una mujer y enamorado del amor. Habiendo amado a suficientes mujeres en su vida como para estar seguro de que el amor de su vida era María. Siempre lo fue desde que la conoció cuando ella tenía dieciséis. Él salía con una rubia escultural de Pamplona matriculada en la Universidad del Opus en Derecho. Era muy buena chica pero bastante petardilla. Tenía terror al sexo como la mayoría de las jóvenes de los setenta. El embarazo era el diablo de las adolescentes. Yo las camelaba diciéndoles con grandilocuencia hippie y mis colgantes rizos, que no era necesaria la penetración para hacer el amor. No solía fallar. Por lo menos te corrías si le echabas un poco de morro y con dieciséis años la testosterona se nos escapaba por los poros.
De todas formas, siempre fui bastante tímido si me comparo con los demás. Estaba lleno de complejos. Hoy veo que como la mayoría de nosotros pero en aquella época de adolescente te encontrabas tan solo que creías ser el más desgraciado del universo porque la chica a la que ibas a declararte se había enrollado con otro más popular. Estudiaba en el mejor colegio de la ciudad y mi familia no era tan pudiente como para permitírselo.
De tal manera que mientras los demás llevaban Levi´s de marca mientras yo vestía la ropa que me confeccionaba mi madre que para eso había sido modista. Pasaba miedo siempre pues siempre fui bastante débil físicamente excepto durante los años 80/90 en que estuve a punto de llegar a algo en el mundillo del surf. Y aunque no existía eso del “bullying”, éramos casi mil machos metidos en un corral. Evidentemente había un escrupuloso régimen de jerarquías hasta a la hora de comprar el bocadillo en el economato. Mucho abusón. Allí fue donde cogí tanto odio a los abusadores. Por eso lo ridículo de mi actual situación, procesado por maltrato familiar, cuando he sido un fiel defensor de las mujeres y he llegado incluso a pinchar a uno por meterse con la novia de mi hermano una nochevieja de aquellas de ácido. ¡Ah! Bendita época aquella de los tripas y los porrros de mariguana de Kerman. No entendíamos de yerba y nos fumábamos toda la planta antes de tiempo o llena de semillas.
Me peleaba con bastante frecuencia y aunque no era de los que arrasan, aprendí que una postura altamente agresiva aunque fuera muy por encima de mis posibilidades reales hacía recular bastante a gente más grande que yo sólo porque pensaban que podía ser peligroso meterse con un enano lo suficientemente loco como para jurar que te iba a sacar las tripas con sus propias manos. Allí descubrí el significado de la intimidación. La forma de infringir en los demás un temor suficiente como para situarles en posición de defensa olvidando el ataque. La pelea estaba ganada desde el principio. También aprendí que el que da primero tiene ventaja para el resto de la pelea. Sin dudar y sin hablar.
Esto me sirvió bastante en el internado de verano que pasé en Zamora. Casi mato a uno que luego vi concursando en el famoso “1,2,3” de Kiko Ledgard y ……..
CAPITULO IV
El balandrajo
Macaronesia 2002
“El Balandrajo” era un torpedo, hermético, que pinchaba las olas en plan tabla de surf. Aguantaba mar. Sus siete metros de eslora me recordaban a la tabla de Tom Curren que tuve. Me puse a estudiar por correspondencia para conseguir el título de patrón de yate (total, ya puestos…), mientras seguía dando órdenes a dos compañeros más que subordinados y cogía olas tanto como podía llevando una agradable vida familiar. Y saliendo a pescar con Mili, el marinero en nómina. Nuestro hijo acababa de nacer y todo parecía tan bueno que hasta tuve una de mis crisis y me fui unos días de casa.
Sabía que más dura sería la caída, por pura experiencia. Pero lo que había pasado en los cinco años desde el 84 hasta el 89/90, viviendo un año en la calle, de indigente, guardando la bolsa de día en un bar, y recogiéndola por la noche para dormir en la playa. El final de los ochenta fue el principio de la decadencia de mis endebles principios, lo cual fue también el comienzo de mi suerte. No obstante, esta suerte vino de la mano de la abstinencia. Vino de la mano del sacrificio y la humildad. Valores que ya no puedo ejercer.
Los años que pasé en Lanzarote fueron de los peores de mi vida y como siempre, gracias a una mujer- Lucía la yonkie. La hija del militar. Pero fueron ampliamente compensados por la auténtica felicidad plena que viví en San Miguel.
Era un sentimiento que duele sólo de sentirlo. Cuando lo pierdes, la locura invade tu mente de una u otra manera. Algunos consiguen integrarse socialmente (la mayoría), pero otros explotamos por algún sitio. La mayoría. El cómo, es otra historia que es la que aquí pretende contarse. Lo importante no es a donde vas ni por qué camino, lo importante, es hacer el camino en sí y la forma de hacerlo.
CAPITULO V
1982 north-spain
periodista
En el 1982 ya había conseguido el título. Ya podía conseguir un carné de periodista el cual me vendría de maravilla años después, junto con el pasaporte (uno de ellos) que tuve que conseguirme.
Hacía tres años que me había levantado de la mesa en medio de un huevo frito y fui a mi habitación. Cogí saco de dormir, y alguna chorrada y no volví a dormir en casa, hasta que mis padres se fueron a Cádiz y eso fue el escenario donde mi primer y único amor comenzó a florecer. El piso que quedó un año a mi disposición hasta que se vendió. Hay acabó la primera etapa de mi vida como hombre y ser humano adulto.
Cuando acabaron de bajar todo y tras los lloros y despedidas, cerré la puerta apoyándome de espaldas contra ella, y me eché a llorar por todo lo que no había llorado en mucho tiempo. Entonces fue cuando comprendí que para mí la familia , mi familia había muerto.
Unos pocos años después, dos para er exactos, tuvo que volver mi madre para mandarme al Patriarca después de mi huída del PSiquiátrico de Zamudio aunque conseguí que me mandase a Lanzarote a una pequeñísima al norte de la isla
Aunque lo había dejado me encontraba en tal buen estado de forma física y tan mal de forma en bolsillo que desde allí; hacía algún que otro trabajillo de vez en cuando para Efrén. Aunque estaba a tres mil kilómetros, sabía que su avaricia siempre iba a decir que sí ante alguien con la confianza y los cojones tan templados que yo tenía.
Pero en una de las tres que hice, se me reventó en el intestino un huevo de speed y perdí en dieciocho horas veintiuno gramos de “speed”. Antes de salir de Ámsterdam, en Central Station, noté un flash que me puso una cresta de gallo a lo largo de toda la cabeza.
Entonces comprendí la situación, pero ya no había vuelta atrás, ni dinero para volver a un hotel- Tuve que subir al tren y afrontar el viaje acompañado hasta la frontera por tres secretas que iban cada diez minutos al water detrás de mí pues el speed da una especie de ganas de orinar aunque no haya necesidad. Estuve diez días sin dormir, con alucinaciones y cuando ya comenzaba a estar un poco mejor tuve la desgracia de encontrarme con Lucía en el Casco Viejo de Bilbao.
Iba a por caballo, con los últimos cartuchos que me quedaban, y tuve que tropezarme con ella. Se encontraba como yo: “semi abstinente”. Al final, la soledad y lo barato que resultaba en aquella época el viaje, hizo que se adhiriera casi sin darme ni cuenta. Acababa de romper cinco meses de trabajo personal sobre mi autoestima. Y mi desenganche. Todavía me quedaban tres años de infortunio yonkie en los que viví las peores pesadillas, humillaciones, encarcelaciones y palizas que se pueden recibir sin hacerte más malo de lo que ya soy
Llegamos a Lanzarote el último día de carnavales que aquel año- 1985- habían caído en Febrero. Finales; creo. Era temprano por la mañana y amanecía mientras subíamos por la carretera del norte camino del puertito de embarque a la mini isla que nos albergaría y sentaría la diáspora de la separación y ana ración de cárcel para mí, además de los habituales cuernos y desprecio.
No hay nada más humillante que la vida de un yonkie. La dignidad desaparece pronto. Inmediatamente después de los primeros escrúpulos, perdonándonos ante nosotros mismos por tener la condición de enfermos.
Así anduve deambulando por la capital buscándome la dosis diaria metido en la más asquerosa de las ciudades de España, junto con Ceuta. Estaba tan encoñado con ella que incluso me comí un marrón de robo que me costó un mes de talego y veinte mil de fianza. Al salir ya no había esperanza para la vuelta a la vida en pareja. Tras muchas persecuciones, coñazos y todo tipo de turradas inventadas y por inventar, Lucía decidió cambiar de isla. Yo no comprendía ni comprendo la falta de amor cómo no afecta a la gente sobre todo las mujeres, y cómo son capaces de cambiar de hombre con tanta facilidad. Dicen que los tíos somos más infieles, pero eso es totalmente relativo. Algunos sentimos un inmenso respeto por la lealtad y la fidelidad a los compromisos.
Pasé un año de indigente, en los que me ocurrieron las cosas más asquerosas, indignas y deprimentes que la mente humana puede elaborar.
A veces conseguía hacer algún pase a La isla Capital, con dinero prestado, pero lo normal era vender algunas papelas en la calle camello dando vueltas por la zona. Me ha pasado de todo. Me rompieron la nariz. Me abrieron la cabeza,..
Una noche, me tomé un bote de rohipnoles. Me puse a abrir coches, habilidad con la que sólo cuento con esa droga, de tal manera que el estrecho callejón quedó bloqueado puesto que yo habría un coche, no me gustaba y pasaba al siguiente sin cerrar la puerta. Cuando vino la policía nacional, tuvo que ir cerrando puerta por puerta, hasta llegar a donde yo dormía. Me llevaron detenido con una camiseta de tirantes, lleno de cuajarones de sangre pues me habían abierto la cabeza con una bola de billar, y m mandaron esperar en una silla en la entrada.
De repente apareció el de los donuts calentitos. Me los comí todos. Sin pensar las consecuencias. Así era yo entonces. Hoy no me atrevería a hacer algo así. He perdido mi personalidad.
Cuando el cabo vino a por ellos y vio la situación palideció pues él sí sabía la reacción que eso iba a producir en el superior suyo durante el resto de la mañana. Desde la silla oía los gritos ¡¡…. ¿pero ha robado algo?...¿ha roto algo?.. No. No. Inmediatamente salió el cabo, me quitó los grilletes y me dijo que no quería volver a verme.
Salí tan ufano de comisaría y unos veinte metros más adelante había un camión de reparto con una cartera encima de la guantera. No lo pensé ni un segundo. Había calderilla y me alegró el ruidillo de las monedas, pero cuando la abrí y vi el contenido me quedé lívido: dos cheques al portador por valor de setecientas mil Pts. De la época. Unos cinco mil euros actuales.
Aquello dio un respiro de un mes más o menos hasta que acabó ¡ claro ¡. Entonces también se acaban los favores y las amistades.
A salto de mata “mano” “escapando viejo, escapando”. Así viví hasta que la autoestima se despertó en mí gracias a un jonkie peor que yo. Tenía coche, donde dormíamos, y conseguíamos material no sé cómo. Teníamos decidido ir a San Miguel. El era nativo y Lucía se había trasladado a esa isla y si había hecho eso era porque la isla merecía la pena. Pero teníamos que dar un “palo” pues estábamos en la indigencia. Se lo dimos a un marroquí. Tuvimos que salir al amanecer en el hidrofoil pues estaban vigilados barco y aeropuerto. Le quitamos un kilo de hachi que vendimos al de un par de horas a otros nativos isleños emigrantes. Junto con el coche.
Fuimos a su casa como había prometido, pero la maldad humana es tan intrínseca que algunos no pueden evitarla. Al de un par de semanas me robó con ardides, cincuenta gramos de haschis que me había enviado mi madre para alquilar un pajar, por ocho mil pesetas de entonces
Me fui de su casa y volví a la calle otra vez pero esta vez en un sitio sin delincuencia apenas, y todavía sin heroína, todavía. En un par de años entró y entró arrasando pues el poder adquisitivo del nativo medio era realmente alto. El que tenía tierras era inmensamente rico a cuenta del fraude que se traían con las subvenciones del plátano. Esto, unido a la alegría con la que un isleño firma papeles que luego tendrá que pagar, pero, luego, hacía que viniesen unos años de vino y rosas que se les han acabado sumiendo a muchísima gente en la auténtica miseria. Además con el otro rentable negocio que era la cocaína, se ha quedado la policía. Hoy en día sólo hay una isla donde la policía no controla ni eso ni nada, y no voy a decir dónde ¡claro está!
Aunque si no llega a ser por la que seria la madre de mi hijo, las cosas no hubieran ido igual. Ella me trajo la seguridad en mí mismo, me devolvió la dignidad y las fuerzas para hacerle frente al mundo. En realidad le debo todo lo que soy de una manera u otra, sin ella no hubiera ni sobrevivido, como me ha pasado ahora por eso estoy muriendo. Pero ya no hay una segunda oportunidad. ¿o sí?.
HERE IT IS
Ahora con el “balandrajo”, a lo largo de dieciocho años he ido creando una pequeña red de “amigos” desde” Costa Rica a Ecuador. También tengo amigos en múltiples islas que no pienso mencionar; pero el mundo es realmente una aldea global en donde todos queremos, (a nuestra manera y según culturas), básicamente lo mismo para vivir. Paz y recursos. Y, por supuesto, el famoso .” everybody need somebody”*
Además del Balandrajo que se llama “Ekaitza Apurtu”, la organización cuenta con dos barcos grandes Mauritanos, y varias lanchas rápidas que en ciertas condiciones salen a contactar con los barcos, y en otras a “ abrir ruta” mediante señuelos que apartan al ejército y policía no pagada de dichos países.
Desde allí hasta Mauritania se encargan los negros. Luego vuelvo a entrar yo en escena pues no dejo mi mercancía ni a dios así como así. Durante la travesía Africana, yo les acompaño,¡claro! Por si hay que tratar con nativos confío más en mis dos capitanes y parte de la tripulación. Ellos saben que si todo sale bien hay cacho para todos por mucho tiempo
*todo el mundo necesita a alguien
CAPITULO VI
MACARONESIA 1989
De cómo conocí el amor auténtico y verdadero.
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